Efemérides Venezolanas
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Sábado, 16 de Diciembre de 2017
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Estalla La Guerra Federal

   

(Domingo, 20 de Febrero de 1859)

El 20 de febrero de 1859 estalló en la ciudad de Coro el movimiento de la Federación, que después se convirtió en una guerra de funestas consecuencias para Venezuela.

A esta guerra también se le ha llamado «Guerra Larga», «Revolución Federal» y «Guerra de los cinco años».

 

Después de la guerra de independencia, es la más larga contienda civil que ha sufrido nuestra patria. Muchos historiadores coinciden en que fue como una «prolongación de la guerra de independencia en cuanto a los problemas de carácter social y político, dejados sin resolver una vez lograda definitivamente la emancipación de España con las victorias de 1821 y 1823 y la separación de la Gran Colombia bolivariana en 1830. »

Los abanderados de este movimiento fueron Ezequiel Zamora y Juan Crisóstomo Falcón. Este día, el comandante Tirso Salaverría asalta el cuartel de Coro, se apodera de 900 fusiles y lanza el «Grito de Federación».
Al día siguiente, la proclama inicial de la Federación fue lanzada en Coro. El Coronel Tirso Salaverría, quien junto con Toledo, cuñado de Zamora y concuñado de Falcón, había dado el golpe el día anterior, se dirige al pueblo de Venezuela, pero muy en particular a los corianos, en términos de verdadera exaltación:

«La revolución de marzo ha sido inicuamente falseada. Atraídos por los encantos de su programa fascinador, concurrieron a consumarla todos los venezolanos; y su triunfo no ha producido otros gajes que el entronizamiento de una minoría siempre retrógrada, siempre impotente en su caída, siempre ávida de satisfacer innobles venganzas ... »
Después de felicitar al pueblo por la hazaña de la noche anterior, al acompañarlo en la «grave empresa de desarmar la fuerza y apoderarnos de las armas con que un esbirro, remedo de gobernador del general Castro, nos oprimiera ... », y de instigar a arrostrar la lucha de esta campaña que comienza, Salaverría agrega:

«¡Corianos! No temáis. La Federación es el Gobierno de los libres, y Venezuela obtendrá el lauro de la Federación. No hay un solo venezolano, con excepción del reducido club que hasta ahora nos ha dominado, cuyo corazón no lata de entusiasmo al impulso de esa voz mágica y arrobadora ... ».

El 23 de febrero de ese mismo año se conoce en Caracas que había estallado en Coro el movimiento de la Federación. Esto motivó la renuncia de los Ministros Lucio Siso, Miguel Herrera y doctor Sanojo, sustituidos respectivamente por Rafael Arvelo, Pedro Casas y Soublette. La agitación en la capital es notoria.

Es por esto que en el Escudo Nacional, al lado de la fecha del 19 de Abril de 1810 aparece la del 20 de febrero de 1859. Al día siguiente de este pronunciamiento de Coro, el Coronel Salaverría «lanza una proclama que es una declaración de guerra» que duraría lamentablemente hasta el 24 de abril de 1863 cuando, después de largas negociaciones, se firma el Tratado de Coche.

LA GUERRA FEDERAL
CAUSAS Y CONSECUENCIAS

La ruptura de la Fusión contribuirá a precipitar la guerra. Y la expulsión de los principales pronombres militares y civiles de las filas liberales sólo sirvió para que coordinaran con José Tadeo Monagas, cuyo prestigio sobre las masas rurales del Oriente era poderoso, los planes de la revolución.

El 15 de octubre de 1858, en Saint Thomas, los diversos grupos revolucionarios constituidos en «Junta Patriótica de Venezuela», con Félix María Alonso de Presidente y Antonio Leocadio Guzmán, Ramón Anzola Tovar, Napoleón Sebastián Arteaga y Carlos Sanabria, que hace de Secretario, redactan el primer programa de la Federación. Consta de 26 artículos y en su mayoría es una enumeración de derechos y garantías que van a ser recogidos por la Constitución de Valencia. Lo nuevo es la implantación del sistema federal, la abolición de la pena de muerte por delitos comunes, remoción de los Ministros del Despacho por acuerdo de los dos tercios de cada Cámara, libre navegación de los, ríos, lagos y aguas costaneras. En realidad, el programa no distaba mucho de los principios contenidos en la Carta de Valencia. El problema que se debatía era distinto y así lo reconocerá más tarde Falcón, designado jefe del movimiento, en su Proclama de Palmasola:

«La cuestión no es que las leyes que hagáis sean buenas o malas: la cuestión es que el derecho de hacerlas no es vuestro, sino de la mayoría: porque en las Repúblicas corresponde a aquélla el ejercicio de todos los poderes sociales. He aquí la verdadera causa de la presente revolución; la misma de siempre... Venezuela tendrá elecciones libres, que es su gran empeño, como base de la República, y con ellas será lo que quiera ser.»

Causas de la Guerra. Motivo de innumerables polémicas ha sido el dilucidar las causas exactas que desataron la tremenda guerra federal. Conservadores y liberales se achacan mutuamente la culpa. Los primeros consideran que fue la propaganda de los liberales con su reparto de tierras y con la abolición de la esclavitud, lo que subvertió el orden político y social y desencadenó la tormenta. Para los segundos, los conservadores son los responsables de ella, con su negativa a liberalizar el gobierno, a ampliar su base dándole cabida a las personalidades de doctrina opuesta a su errada política económica, que produjo la crisis del año cuarenta y seis, y con la formación de una oligarquía política y social que retrotraía al país a los días de la Colonia.

Múltiples y variadas son las causas que la determinaron. Económicas, sociales, políticas, e ideológicas, engendraron esta situación.

Causas económicas y sociales. Es Vallenilla Lanz quien ha incidido más en las causas económicas y sociales que determinaron la guerra federal. El haber continuado igual la estructura social y económica de la Colonia, una vez realizada la independencia; la conservación de la esclavitud; el mantenimiento de los latifundios; el predominio de la clase propietaria en el gobierno, son los factores del descontento social y económico. Este descontento se mantuvo atenuado a raíz de la desmembración de la Gran Colombia, ya que parte de la propaganda para ello basaba en que la situación económica de Venezuela era resultante de su subordinación a Bogotá; y con la efímera bonanza de la oligarquía, gracias a medidas del hacendista Michelena y el mayor precio que los productos agrícolas adquirieron en el mercado internacional. Bonanza que hizo crisis en 1840, determinando la ruptura de la oligarquía y engendrando así el Partido Liberal.

El ascenso al poder de Monagas, no resolvió la crisis, sino que al contrario, la acentuó. Gobierno personalista por excelencia, sólo se ocupó de mantenerse en el poder, y no en resolver los agudos problemas que le habían hecho posible el apoyo del pueblo en su lucha contra la oligarquía conservadora. La concentración de las tierras baldías en pocas manos, y el peculado y la malversación de los fondos públicos que caracterizan el gobierno de la «dinastía», y la persecución política y el predominio de pequeñas banderías políticas en la República, que vivían del pillaje y del robo del ganado, aceleraron el estallido.

Para 1858 ese descontento social se manifestaba en levantamientos armados. El de Medrano y González, constituye un signo.

«No obstante, dice Alvarado, donde más pareció condenarse ese descontento social fue en las provincias de Portuguesa, Barinas y Apure, en la primera sobre todo. Cierto es que en ellas se mantuvo un círculo de hombres dados al caudillaje, a la expropiación, a las intrigas, y que estos tales se aprovecharon de anchos créditos que abrió el comercio de Ciudad Bolívar a consecuencia de la exportación de pieles de res, precipitándose a concurrir también con sus productos y obteniendo por oscuros medios aquella mercancía; pero resulta de otras averiguaciones que los labradores andaban agobiados por los especuladores que medraban en el comercio del añil, y que muchos de estos mercaderes más dolosos o menos afortunados, se desacreditaron al cabo y desacreditaron al comercio honrado de aquellas provincias; hecho lo cual, refugiáronse debajo de la bandera de la insurrección, constituyeron lo que se llamó entonces la facción de los "indios de Guanarito", aunque poquísimos eran los que en ella representaban la propia raza indígena, aun viviendo en sus propios resguardos. Sucedió esto cuatro meses después de la revolución de marzo. Como corriese la voz de que las fichas que hacían circular los comerciantes eran para vender al pueblo a los extranjeros, o para reducirlo a la esclavitud, y que los hierros con que marcaban los zurrones de añil eran para señalar a los esclavos, engrosaron pronto las filas de los rebeldes y al grito de: "¡Todos somos iguales! ¡Mueran los blancos! ¡Abajo los godos! ¡Hagamos patria para los indios!", corrieron a alistarse en ella mucha gente perdida, deudores fraudulentos no pocos y acaso hostigados por la miseria la mayor parte. Un informe del general Escobar refiere cómo se alucinaron los indígenas con el resguardo de tierras que les ofrecían los leguleyos de las aldeas y cómo se persuadió a los libertos de que el Gobierno iba a hacerlos otra vez esclavos; mientras que los pobres creían que se les quería vender a los ingleses para con sus carnes hacer jabón y con sus huesos cachas de cuchillos, bastones y sombrillas.»

Arcaya, que, como ya hemos observado, le niega carácter de guerra social a la de la Federación, enjuicia estos primeros movimientos así:

«Si examinamos más en concreto la cuestión que nos ocupa, y nos fijamos en los primeros alzamientos de la guerra federal, ocurridos en las selvas y llanos de Portuguesa, Barinas y Apure, en 1858, que por haber sido acaudillados por oscuros guerrilleros han dado lugar a que se suponga que eran movimientos inspirados por la cuestión social, veremos que se explican más fácilmente como una simple regresión a la vida nómada primitiva.»

Causas políticas e ideológicas. La bandera doctrinaria que enarbolaron los adversarios de los conservadores, fue la de la Federación. Basándose en la cínica exposición que en el Congreso de 1867 hizo Antonio Leocadio Guzmán, cuando decía:

«No sé de dónde han sacado que el pueblo de Venezuela le tenga amor a la Federación, cuando no sabe ni lo que esta palabra significa: esa idea saló de mí y de otros que nos dijimos: supuesto que toda revolución necesita bandera, ya que la Convención de Valencia no quiso bautizar la Constitución con el nombre de Federal, invoquemos nosotros esa idea; porque si los contrarios hubieran dicho Federación, nosotros hubiéramos dicho Centralismo.»

Basándose en esta exposición, repetimos, se ha creído ver que la doctrina política federal no tuvo que ver con el movimiento y que fueron causas de otra índole las que lo engendraron.
Vallenilla Lanz ha demostrado cómo el federalismo se identifica con el regionalismo y con la autonomía provincial, que obedece a realidades políticas. Si Antonio Leocadio Guzmán se refería a teoría política pura quizá tuvo razón, pero lo cierto es que la Federación se identificó en la masa popular con una aspiración democrática, con una transformación económica y social.

A este respecto dice Gil Fortoul:

«La teoría democrática, honradamente propagada por apóstoles e ideólogos como Estanislao Rendón y Napoleón Sebastián Arteaga, se convirtió para la plebe incultá, todavía analfabeta, en una especie de espejismo donde se veía realizada la igualación de las clases sociales, aun en merecimientos y honores. Antiguos esclavos tomaron en serio la conseja de que "los godos" querían reducirlos de nuevo a la esclavitud; gentes cándidas llegaron a creer en la amenaza de ser vendidos al extranjero. Para ganar prosélitos los jefes federales multiplicaron los grados militares, llegando al fin Falcón a firmarlos en blanco para que se distribuyesen en todas partes. Hombres enteramente incultos, simples peones, manumisos, esclavos recién libertados, aparecieron de pronto como capitanes, coroneles, generales, aunque no supiesen leer ni escribir. De modo que los aventureros de todo linaje hallaron siempre mejor acogida en las filas federales. Y quién sabe qué odios se despertaron en tantas almas oscuras, qué deseos de venganza, qué recuerdos de injusticia, de iniquidades. ¿La libertad política? Había sido privilegio del ciudadano rico, del amo, del doctor, del hacendado. ¿La Patria? Idea confusa, casi tanto como la de los llaneros de Páez en la época de emancipación; en todo caso, la idea de patria apenas se distinguía del hecho de poseer tierra. Propietario y oligarca eran casi sinónimos para el peón. De todas las teorías políticas, leídas por algunos en periódicos, oídas por los más, en rápidas conversaciones, la única que podía penetrar en la masa anónima era la de igualdad o igualación de clases. Este debía ser el credo de los pobres, de los oprimidos, de los eternos miserables, de los despreciados por el color de su piel. ¡Por fin el negro igual del blanco, el liberto igual del amo, el pobre igual del rico, el pobre rico!»

Vallenilla Lanz niega que las prédicas demagógicas hayan tenido influencia determinante en el despertar político de las masas: «Por más que hemos solicitado, dice, en muchos periódicos de la época esos artículos subversivos capaces de corromper las masas populares, de trastornar el orden público, no los hemos encontrado. "El Venezolano", de Guzmán, "El Patriota" de Larrazábal, "El Torrente" de Rendón, "El Republicano" de Bruzual, que fueron los órganos principales de la oposición liberal desde 1840, por más subversivos que fuesen, estaban escritos en un estilo demasiado elevado para penetrar en la mentalidad rudimentaria de la reducida minoría que alcanzaba a leerlos. ¿Cuántos ejemplares, además, podía editar cada uno de aquellos periódicos?» Olvida Vallenilla la multitud de periodiquitos que nacieron bajo la sombra de estos doctrinarios: «El Sin Camisa», «El Trabuco» y tantos otros que eran los preferidos de las masas y cuya acción era tan eficaz que al comprenderlo, Antonio Leocadio Guzmán canceló su Venezolano».

Además olvida Vallenilla otro medio de difusión en las luchas políticas, la propaganda oral, que se difundió por todas partes del país. En el juicio que se le siguió a Ezequiel Zamora se evidenció esto, ya que el propio Zamora en su pulpería de Villa de Cura reunía a los labradores para informarles de lo contenido en los periódicos. No hay que olvidar que la religión, que ha tenido mayor influencia en los destinos de la humanidad, el cristianismo, logró su auge gracias a la propaganda oral, y en «El Facundo», de Sarmiento, se demuestra cómo las pulperías de las campañas constituyeron el centro de reunión política y social de los proletarios del campo. A pesar de negarle influencia ideológica determinante, Vallenilla le asigna su exacto valor social:
«Todos aquellos movimientos, dice, eran simplemente la continuación de la misma lucha iniciada desde 1810, la propagación del mismo incendio, oculto a veces bajo las cenizas o elevando sus llamas hasta enrojecer el horizonte, pero siempre implacable en su obra de devastación y de nivelación. En 1846 como en 1859, se concentraron de nuevo las mismas montoneras de Boves y de Páez bajo el brazo vigoroso de otro gran caudillo de la misma fisonomía moral, de las mismas dotes de mando, del mismo empuje heroico, del mismo desprendimiento, de los mismos instintos oclocráticos y hasta podemos decir que de la misma raza del asturiano legendario.»

El doctor Lisandro Alvarado, el historiador de la guerra federal, considera que «la lucha fue en realidad por la democracia, y la federación asunto de forma».

El movimiento insurreccional se inicia en Coro el 20 de febrero de 1859. Lo comandan Tirso Salaverría y Jesús M. Hernández, quienes llaman a Ezequiel Zamora para que se ponga al frente del movimiento. El Gobierno provisional elegido señaló como principios programáticos los ya aprobados por la Junta Patriótica y designa los cinco ciudadanos que debían formar el Gobierno General de la Federación.

Zamora va a ser el alma del movimiento federal. De él traza la siguiente silueta don Lisandro Alvarado:

«Este caudillo, comerciante en un principio, había nacido en Cúa el 1º de febrero de 1817. Hizo parte de la conocida facción de Rangel, y anduvo insurrecto con él en la provincia de Aragua. Muerto Rangel y hecho Zamora prisionero en 1847, fue luego enjuiciado y sentenciado a muerte como conspirador el mismo año. Pero la administración de Monagas le protegió lo mismo que a Guzmán: conmutósele la pena en diez años de presidio cerrado, que no llegó a cumplir, y recibió al contrario sus ascensos como servidor de la causa. Vémosle así con el grado de comandante pelear en Quisiro a las órdenes de M. Baca, en Villa de Zulia a las de Justo Briceño en 1848, y en Casupo el año siguiente, donde fue batido por e1 coronel C. Mínchin. Al triunfar la Revolución de Marzo, descontento con el nuevo orden, fue expulsado y se refugió en la isla de Curazao. Una circunstancia nos dirá si llevaba en su pecho el hervor de una venganza que, para ser quien era, no podía lavar más que con sangre. Al concurrir con Falcón a Caracas en 1858, por llamada de Castro, tuvo que ir no sé por cuál motivo al cuartel del coronel Casas: apercibido allí de su presencia, el comandante Jorge Michelena le cubre de insultos, le da de bastonazos y le escupe el rostro. Zamora, ahogando su justa irritación, se limpia con un pañuelo de seda rojo que llevaba en el bolsillo y juran antes de partir un terrible desquite. "Zamora, dice un escritor, personificaba el criterio del Partido Liberal en aquel tiempo. Tenía él para la lucha armada todas las cualidades de un capitán y todas las energías de un partidario... Duro con el partidario, implacable con el enemigo, imponía disciplina al uno y terror al otro. Su palabra era breve y áspera, su actitud amenazadora, sus órdenes imperiosas, sus planes vastos. La piedad no hallaba abrigo en su alma, la sonrisa no plegaba jamás su boca, eternamente contraída por la tensión de un espíritu en el cual no había sino una pasión, pelear, y un deseo, triunfar. Sobre él había pesado una sentencia de muerte por sus opiniones políticas, y más tarde había sido ultrajado en su persona: tenía, pues, doble lazo con el partido liberal: el de la proscripción y el del ultraje." Una requisitoria expedida en 1847, le describe así: "Pelo rubio, pasudo y bastante poblado, color blanco y algo catire, frente pequeña, ojos azules y unidos, nariz larga perfilada, boca pequeña y algo sumida, labios delgados, barba roja y escasa, estatura regular, cuerpo delgado, muy junto de muslos y piernas manetas. Tiene las manos largas, descarnadas y cubiertas de un vello áspero: los pies son también largos y flacos: es de un andar resuelto y tendrá como treinta años de edad."»

Zamora se interna en los llanos donde se le van sumando centenares de hombres, revelador del hondo sentido popular del movimiento federal. José Laurencio Silva, encargado de combatirlo, fracasa. Lo mismo José Escolástico Andrade, quien le sucede. Y los conservadores empiezan a darse cuenta de lo serio de la guerra. Así el general Soublette escribe:

«Hasta ahora nuestras medidas han tenido un carácter de provisorias, que les daba la persuasión de que la guerra era momentánea... Pero las operaciones de Barinas nos han revelado una profunda y terrible verdad; que la guerra es duradera... Las provincias de Portuguesa y Barinas en masa hacen hoy causa común con Zamora y su facción, quien dueño de todo el territorio, tiene en jaque al general Silva en Barinas... y a la menor ventaja que adquiera lo tendremos sobre Barquisimeto y San Carlos.»

En Oriente el movimiento lo encabezan el general José Antonio Sotillo y sus hijos y Julio C. Monagas y José Loreto Arismendi.

La insurrección federal quebrantó definitivamente el gobierno de Julián Castro. A raíz de la invasión del general Juan Crisóstomo Falcón; Castro publica un manifiesto a la Nación donde estampa: «El gobierno se ocupa actualmente de los últimos acontecimientos con fe y lealtad. Si apareciera que la federación que se proclama es el voto de la mayoría de la nación, el gobierno le prestará su apoyo. NADIE SINO LA MAYORIA ES SOBERANA». Este lenguaje no difería en nada del utilizado por Falcón. Los conservadores desde ese momento le desconocieron a Castro legitimidad y los federales no creyeron en su palabra. El mismo día de la proclama, el periodista conservador, Juan Vicente González, escribía: «Adiós, general: el hierro va a sonar en sus oídos en vez de mis débiles palabras. El cielo salve a la República y a usted.»

Un movimiento militar lo depuso y llamó a la presidencia al designado Pedro Gual, quien posteriormente fue sustituido por el vicepresidente Manuel Felipe Tovar.

Castro, enjuiciado, fue encontrado culpable del delito de traición, pero el Gran Jurado no le impuso pena alguna.

Esta primera etapa de la guerra federal fue decidida en dos batallas. La de Santa Inés, donde triunfan los federales comandados por Zamora. Y la de Coplé, desaparecido Zamora, en el sitio de San Carlos, ganada por el conservador León de Febres Cordero contra Juan Crisóstomo Falcón.

Los revolucionarios orientales fueron dispersados.

El triunfo de Coplé no significó la consolidación del régimen conservador. La anarquía hacía presa en sus filas. Manuel Felipe Tovar renuncia y se encarga del gobierno el doctor Pedro Gual.

Su gobierno cede ante un movimiento militar que proclama la dictadura del general José Antonio Páez.

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