Día Mundial de la Protección de la Capa de Ozono
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"El
16 de septiembre se celebra el Día Internacional de Protección
de la Capa de Ozono, instituido en 1995 por las Naciones Unidas para
sensibilizar sobre este problema a la opinión pública". "Desde
1985, en que se adoptó el Convenio de Viena para la protección
de la capa de ozono, que fue seguido de varios acuerdos internacionales
(protocolo de Montreal en 1987 y enmiendas de Londres, 1990; Copenhague,
1992; 1995 y Montreal, 1997), se ha logrado un recorte sustancial en
la producción de los famosos CFCs (compuestos clorofluorocarbonados),
principales responsables de la destrucción del ozono. Sin embargo,
la destrucción de la capa de ozono sigue adelante: en efecto,
las concentraciones estratosféricas de cloro y bromo, derivadas
principalmente de los CFCs, HCFCs, halones y bromuro de metilo (BrMe)
continúan en aumento y solo empezarán a disminuir en torno
al año 2000, según previsiones; la erosión de la
capa de ozono continuará, siempre según previsiones, en
tanto los niveles estratosféricos de cloro y bromo superen un
umbral crítico. Se calcula que el nivel de cloro estratosférico
considerado seguro no se alcanzará hasta mediados del siglo que
viene, si se cumplen los compromisos internacionales. Esto se debe a
que la cantidad ya emitida de estos compuestos sigue y seguirá
ejerciendo sus efectos durante muchos años. Pero además,
los convenios internacionales no han eliminado aún la producción
de los compuestos que destruyen la capa de ozono. En concreto, las sustancias
conocidas como HCFCs (hidroclorofluorocarburos) y el BrMe (bromuro de
metilo) podrán seguir fabricándose y usándose masivamente
hasta bien entrado el siglo que viene. Los efectos de este uso son un
retraso en la recuperación de la capa de ozono, con el consiguiente
aumento de la radiación ultravioleta sobre la superficie terrestre,
lo que implica mayor número de cánceres de piel, cataratas,
debilitamiento del sistema inmunitario de los seres vivos, reducción
de la productividad vegetal, etc. Para
Ecologistas en Acción, los HCFCs fueron desarrollados por la
industria de los CFCs como sustitutos de los mismos cuando se hizo evidente
el efecto destructor del ozono de estos últimos. Los HCFCs también
destruyen la capa de ozono, aunque menos que los CFCs, y contribuyen
al calentamiento terrestre, por lo que no son buenos sustitutos de los
CFCs. Debido a ello, la última enmienda del protocolo de Montreal,
acordada hace dos años en Montreal, prevé el fin del consumo
de HCFCs de nueva producción para 2015 en los países desarrollados,
y la eliminación en todo el mundo de la producción para
2040. La razón de estos plazos tan largos para la eliminación
de unas sustancias probadamente nocivas no es otra que las presiones
de la industria química, que quiere recuperar las inversiones
ya realizadas o planeadas para fabricar HCFCs. La industria arguye la
inexistencia de sustitutos válidos para ciertos usos de los HCFCs,
pero esto no es cierto en la mayoría de los casos, donde existen
ya o podrían desarrollarse en pocos años sustitutos adecuados. El
beneficio privado de unas pocas multinacionales ha conseguido, por el
momento, prevalecer sobre la protección de la salud pública,
que ya está siendo afectada por la desaparición del ozono
protector de la estratosfera. La
historia del BrMe es bastante similar. El BrMe es un biocida de amplio
espectro, usado principalmente en agricultura (en cultivos hortícolas,
en especial fresa y tomate). Ya ha sido prohibido en algunos países,
como Holanda y Dinamarca, no solo por su capacidad de destruir la capa
de ozono, sino por su carácter contaminante del agua. El uso
agrícola del BrMe puede sustituirse por técnicas mucho
menos impactantes (solarización, control biológico de
plagas, rotaciones de cultivos, abonado orgánico, etc). Para
Ecologistas en Acción el agricultor debería considerar
que la desaparición del ozono tiene un efecto perjudicial sobre
los cultivos, y no debería sacrificar la producción futura
por usar un método de control de plagas como el BrMe, efectivo
a corto plazo. Según
la enmienda de Montreal (1997), el uso y producción de BrMe debe
terminar en los países desarrollados en 2005 y en los países
"en vías de desarrollo" en 2015 (con posibles excepciones
para "usos esenciales"). La industria del BrMe ha luchado
y lucha denodadamente por retrasar el final del uso de esta sustancia,
presentándose como defensora de los agricultores y de los países
pobres. Una iniciativa de la Comisión Europea para adelantar
la prohibición del BrMe a 2001 no ha salido adelante, por presiones
de países como España, fiel defensora de los intereses
de los bromuradores. La agricultura española es una consumidora
importante de este compuesto, ocupando el segundo lugar en la UE tras
Italia (unas 4.000 toneladas en 1995, es decir, del orden de un 5% del
total mundial); casi la mitad de ellas se usan en Huelva (fresón)
y Murcia (pimiento). La investigación científica ha puesto de manifiesto que cuanto mas se tarde en prohibir el uso de los HCFCs y del BrMe, mas tiempo tardará en repararse la capa de ozono, y durante mas tiempo estarán los seres vivos expuestos a un aumento de las radiaciones ultravioletas, con los consiguientes efectos negativos. Además, recientes investigaciones sugieren que el aumento de emisiones de gases de invernadero está influyendo también indirectamente en la destrucción del ozono estratosférico, agravando la pérdida de éste y retrasando su recuperación". |