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Sábado, 29 de Abril de 2017
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Leonardo De Vinci: La Segunda Estadía en Milán

   

En la primavera de 1506 Leonardo aceptó la propuesta de Carlos de Amboise, lugarteniente general del rey de Francia, de trasladarse a Milán. Después de haberse comprometido por contrato a volver a Florencia a los tres meses, partió el 19 de junio. Pero el gobernador del ducado de Milán no tenía ninguna intención de separarse tan rápidamente de Leonardo, y mediante una solicitud personal, llena de elogios para el genio del artista y científico, logró que se le prolongara el plazo. A renglón seguido, el rey de Francia decidió mantener definitivamente junto a sí a Leonardo, e hizo lo indecible por lograr este fin sin sustraerlo abiertamente a la República Florentina.

Si se exceptúa una breve permanencia en Florencia durante el invierno 1507-1508, en que vivió con el escultor Gian Francesco Rustici, mientras trabajaba en el grupo de bronce La Prédica del Bautista para la puerta norte del Batisterio, Leonardo estuvo en Milán desde 1506 hasta 1513. Allí volvió a encontrar a sus amigos, sus discípulos y sus admiradores. Carlos de Amboise lo trató espléndidamente y lo alojó en su propia mansión, hacía ya tiempo que era sensible al espíritu del Renacimiento y trataba de hacer revivir en Milán el mecenazgo de los Sforza. Leonardo, que había, dado brillo a éste, retomó, junto al gobernador francés, las funciones de ingeniero y consejero artístico que tenía bajo Ludovico. Los trabajos inconclusos a los que alude Carlos de Amboise en su carta a la Señoría son seguramente los planos de una suntuosa residencia que Leonardo debía construir para él y de la cual figura un proyecto en el Códice Atlanticus. El parque, embellecido con las maravillosas máquinas hidráulicas en las que se interesaba Leonardo, debía ser objeto de toda su atención. Suyos, sin duda, son los proyectos para la iglesia de Santa María de la Fuente, pequeño edificio de deliciosa originalidad, cuya construcción fue ordenada por Carlos de Amboise en 1506. El Códice Arundel, cuyas páginas comenzó a escribir en 1508, contiene muchísimos dibujos que ilustran problemas técnicos de arquitectura. Leonardo debió realizar trabajos de control y restauración. Formó parte nuevamente de la comisión encargada de vigilar la terminación del Duomo de Milán y fue ingeniero militar en la campaña contra Venecia.

Organizó fiestas para la entrada en Milán de Luis XII e ideó, al final de su estadía, esa magnífica serie de Vestidos para una mascarada cuya elegancia vagamente surrealista llevaba el sello del arte cortesano francés. Volvió a los problemas de la estatua ecuestre con el monumento al condottiero Trivulzio, el vencedor del Moro. Los dibujos preparatorios retoman el tema del caballo que caracolea sobre el enemigo caído, pero analiza más rigurosamente las relaciones entre la cabalgadura y el caballero, pues ahora Leonardo toma en consideración el aspecto arquitectónico de la composición, aspecto que no intervenía en el proyecto del monumento a Francesco Sforza. Una hoja autografiada del Códice Atlanticus contiene el plano del mismo y su descripción detallada, pero el proyecto no fue realizado.

Algunos dibujos revelan también que trabajaba por entonces en una nueva concepción del tema de Leda, la Leda arrodillada, cuya copia poseemos, pintada e interpretada liberalmente. Tenía asimismo proyectadas otras pinturas. De las dos Madonas "casi terminadas", que prometió al Gobernador para el Rey -en una carta escrita en Florencia en la primavera de 1508- una es, quizás, la Madona Benois, comenzada muchos años antes, mientras que la otra se ha perdido. Un Ángel de la Anunciación citado por Vasari nos ha llegado sólo a través de algunas copias. Es probable que por esa época terminase la segunda versión de La Virgen de las Rocas con Ambrosio de Predis, lo que puso fin a la controversia entre los dos artistas con la Confraternidad, que les había encargado el cuadro en 1483. Al parecer, Leonardo viajó mucho en esos años, más para realizar sus observaciones que para el servicio de Carlos de Amboise. El ojo del pintor y el del científico se encontraban en visiones sincréticas. El manuscrito F, fechado el 22 de setiembre de 1508, es el primero de una serie que contiene anotaciones sobre biología, botánica, la atmósfera, etc. Algunas hojas del manuscrito G están dedicadas a estudios sobre lo que Leonardo llamaba "la perspectiva del color" y sus modificaciones a través de la atmósfera.

Parece que con ese fin realizó expediciones a los Alpes, donde hizo la bellísima serie de diseños de cadenas montañosas, que deben relacionarse con el paisaje de la Santa Ana -llevada consigo, inconclusa, a Milán- y que quizás continuó por esa época. Se interesaba también por los problemas geológicos. Las formaciones rocosas lo atraían de manera particular. A los años 1508-1510 pertenecen los diseños de Windsor que representan el desorden de las rocas estratificadas, los "huesos de la tierra".

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