JOSE
FELIX RIBAS

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El
19 de septiembre de 1775 nació en Caracas José Félix Ribas. Su familia
era de las más distinguidas en la Caracas Colonial y también de las más
numerosas, pues sus padres tuvieron once hijos, siendo el onceavo Ribas.
Recibió buena educación, incluso fue alumno del Seminario. Se
dedicó luego a labores agrícolas. Casado con María Josefa Palacios, tía
de Simón Bolívar. Toma
parte en la conspiración de 1808, procesado, declara que iba a la cuadra
de los Bolívar "a divertirse". En efecto hubiésele podido creer,
pues era conocida su pasión por el juego, pero mayor era su afán libertador;
bajo aquel pretexto, allí se congregaban muchos criollos con la finalidad
de preparar un plan de Independencia. Llegado
el 19 de abril, "En este día solemne, José Félix Ribas se multiplicó
por calles y cuarteles, animando en medio de la muchedumbre incierta,
venciendo resistencias tímidas, pero embarazosas, esforzando a los débiles,
llenando los pechos de su osadía y entusiasmo". Recibe
el nombramiento de Coronel del Batallón "Barlovento". Adquiere
un raro ascendiente sobre la población y se convierte en uno de los primeros
defensores y representantes de la clase de "pardos". Ribas
había escrito a Miranda en los años de 1808 y 1809; cuando éste llega
a Venezuela le presta apoyo decidido; forma, en la Sociedad Patriótica,
en el grupo que se distinguió por ideas de Independencia inmediata; grupo
de exaltados según algunos, de individuos conscientes de la realidad según
otros. Grupo cuya influencia creció rápidamente y se ejerció sobre el
pueblo y el Congreso. Al decir de uno de sus miembros, la Sociedad era
"alta montaña de la santa demagogia"
Todas
estas circunstancias hacen de Ribas un hombre sospechoso al Gobierno;
durante casi tres años no recibe cargo correspondiente a sus méritos y
aptitudes, y cuando llegan a Caracas noticias de las ejecuciones en Quito,
la familia Ribas organiza la protesta y a poco la Junta expulsa a Ribas
por su participación en dichas manifestaciones. Digamos de paso que 14
miembros de esta familia morirán por la República. Cinco
meses dura el destierro y cuando regresa, lo hace con renovados bríos.
En la dictadura de Miranda, ejerció por poco tiempo la Gobernación de
Caracas, cargo en el cual sería sustituido, de orden del mismo Miranda
por el más tarde muy conocido Quero. Recibió
encargo de fortificar y defender el Portachuelo de Guaica. Capitulado
Miranda, Ribas sale del país gracias a un pasaporte extendido por su pariente
Monteverde (4 de agosto de 1812), y permanece algunos meses en Curazao.
Pasa después a Cartagena; hace la campaña de Santa Marta con Bolívar.
Fue el jefe de vanguardia en la marcha sobre Cúcuta y el 28 de febrero
de 1813, decide la acción dada contra los realistas. Fue
comisionado por Bolívar para pedir al Gobierno de la Unión y al General
Nariño, auxilios y "la orden para continuar nuestra marcha victoriosa"
El
18 de marzo el Ejecutivo granadino envió las órdenes, pero con la absurda
limitación de someter las decisiones a voto de Consejo de Guerra. Situación
aprovechada por Castillo para obstaculizar la marcha de Bolívar. Ribas
recibió del Gobierno de Bogotá 150 hombres y algunos elementos de guerra
y organizada la expedición, fue nombrado jefe de la columna de retaguardia. El
20 de junio, Bolívar ordena a Ribas apresurar la marcha y reunirse con
Girardot en Boconó. Como se creía en la posibilidad de una incursión realista,
proveniente de Barinas, Bolívar proyectó interceptarlos cayendo sobre
ellos con las tropas de Ribas que todavía no habían salido de Mérida (21
de junio de 1813). Desvirtuada
la información, desiste Bolívar y marcha con la vanguardia(Girardot) el
26 de junio. El 27 estaba en Boconó. En
tanto Ribas, por Las Piedras, bajó a Santo Domingo y por el Norte buscó
el río Burate para salir luego a Niquitao y Boconó, a donde llegó el día
30. Siguió sin detenerse, hasta la Boca del Monte donde se reunió con
Urdaneta. Bolívar, a su vez, había llegado a Biscucuy. Conoce
Ribas de la marcha de un destacamento realista al mando de José Martí,
por la vía de Calderas hacia Niquitao. Retrograda para darle combate.
El 1º de julio llega a Niquitao (13 leguas de marcha); el 2 está frente
a los españoles en La Vega. Estos disponían de unos 800 hombres, Ribas
de 400
Rechazando el enemigo, trató de resistir apoyándose en un
terreno quebrado y peñascoso; Ribas continúa el combate y hace subir la
caballería patriota sobre unas alturas dominantes de la retaguardia realista.
Apoyada esta acción por ataque frontal, las filas españolas ceden y se
dispersan. Tal fue el combate de Niquitao. Ribas tomó 450 prisioneros
y gran cantidad de armas y municiones. Bolívar
había seguido en rápida marcha hacia Guanare, donde batió a Olmedilla.
Entró en la ciudad el 1º de julio de 1813. Allí lo alcanzó Girardot con
el resto de las tropas. Desde Guanare informó a Ribas del avance de Martí,
y si lo ha batido le ordena venir a Guanare velozmente. En caso de derrota
debía buscar salir por el mismo itinerario tomado por Bolívar (Boconó-Guanare). Vencedor
Ribas en combate bastante desigual (efectivos, posición), debe atribuirse
el triunfo a su confianza en la victoria y a su inaudito coraje, sin olvidar
el movimiento acertado de la caballería sobre la espalda realista, factor
determinante de la huida. La
suerte, decían los antiguos, acompaña a los audaces; en este caso la audacia
se acompañó de buen tino y ardor combativo. Bolívar
continuó su marcha sobre Barinas, la cual fue abandonada por los españoles
al saber de su derrota en Niquitao; (5 de julio de 1813) Bolívar lanza
a Girardot sobre Tízcar quien al dejar Barinas había abandonado artillería
y cinco escuadrones de lanceros. El
9 de julio, había ordenado a Ribas batir una columna enemiga fuerte de
unos 500 hombres al mando del Gobernador Fuentes y de otro Jefe de apellido
Cañas, en El Tocuyo; el 17, ya informado de la retirada enemiga, le ordena
seguir sobre Araure "por el camino más corto". En Araure podría
tropezar con el Comandante Oberto y debería destruirlo. Luego se le reunirán
Urdaneta y Girardot. El
18 de julio, Ribas está en El Tocuyo; el 20 se mueve contra las fuerzas
de Fuentes y Cañas, quienes se retiraron. En tanto, Oberto retrocedió
a Barquisimeto donde reunió fuerzas procedentes de Coro y las de Fuentes
y Cañas. En total unos 800 hombres de a pie y 100 jinetes. Tenía cuatro
piezas de artillería. Ribas
no esperó a Urdaneta y Girardot; conocedor del movimiento realista, los
buscó por la vía de Barquisimeto, para encontrarlos en Los Horcones el
22 de julio de 1813. Ribas disponía de 500 infantes y 100 de a caballo.
Empeña la acción y luego de dos intentos rechazados, al tercero los corta
y derrota totalmente. Con 50 jinetes los persigue. Entró en Barquisimeto
el mismo 22, donde reorganizó su gente. Ribas
al seguir a Oberto desobedecía a Bolívar quien le había impuesto marchar
por el camino más corto a la reunión. Su carácter impetuoso le hizo aprovechar
el ascendiente tomado sobre el enemigo y la voluntad combativa de sus
tropas. Urdaneta
había llegado el 20 a Araure y siguió tras de Ribas; el 23 supo el éxito
de éste y contramarchó para unirse a Girardot. Marcha
Ribas por San Carlos (que había sido desocupada el 2 de agosto por Izquierdo)
buscando reunirse con Bolívar (quien el 31 en Taguanés deshizo al mismo
Izquierdo), en la ciudad de Valencia. Es nombrado Comandante de San Carlos.
Debe aclararse que no consta la presencia de Ribas ni de alguna de sus
unidades a la orden de Bolívar en Taguanés. El
7 de agosto, Bolívar culmina su "Campaña Admirable" al entrar
en Caracas, abandonada por el Gobernador Fierro a pesar de la Capitulación
muy honorable concedida por el Libertador. Ribas
procedió a preparar una celada con el objeto de capturarla u ocasionarle
grandes daños. Al efecto, vistiéronse las tropas con uniforme español
y se izaron las banderas españolas en las fortalezas. El
13 de septiembre, una lancha al mando de Don Ignacio Marimón vino a tierra,
donde Ribas había hecho sacar de prisiones al Coronel Francisco Mármol
y a otros prisioneros y bajo grandes amenazas los obligó a recibir a sus
paisanos. El
segundo de Marimón, Alférez Begoña ordenó desde la lancha algunas señales
convenidas y la escuadra fondeó a las 3 ¼ p.m. Repentinamente, desde las
fortificaciones abrieron fuego contra barcos. Estos cortaron anclas y
favorecidos por una súbita racha de viento hiciéronse a la mar, salvándose
de la celada. El fuego le ocasionó daños, pero Salomón pudo llegar a Puerto
Cabello, por lo cual los patriotas se vieron obligados a levantar el sitio. No
es conocida la causa de la alarma y de los fuegos. Créese por algunos
en imprudencia de Ribas, quien no pudo dominar su impaciencia y Marimón
ordenó a su gente resistir produciéndose disparos en la lancha y la alarma
general y fuegos. En este caso, grande daño hizo a la causa republicana. Otros
refieren que Marimón vio lágrimas en los ojos de Mármol y optó por sacrificarse
y dar la señal de alarma; salvó así la escuadra. Pero el buen viento y
el poco efecto de los tiros (no se hundió ningún transporte) ayudaron
a realizar el escape. El 16 llegó la Escuadra a Puerto Cabello. Ribas
en previsión de un posible desembarco movió sus tropas y se instaló hacia
Maiquetía. En su calidad de Gobernador extremó las medidas de seguridad,
redujo a prisión los sospechosos y sometió a la ciudadanía a frecuentes
alarmas para verificar sus aprestos defensivos y mantener el espíritu. El
Coronel Salomón, con la idea de ocupar Valencia y amenazar la vía de Caracas
y la espalda de Bolívar salió de Puerto Cabello, pero su lentitud permitió
a Bolívar llegar a Valencia. Y las medidas de concentración tomadas por
él, llamando a Ribas: "Haga venir a San Carlos a marchas forzadas
cuanta tropa se pueda de La Guaira, Caracas y Valles de Aragua"
bastaron
para cortar ese avance. En
efecto, Salomón siguió a Patanemo y el 22 de noviembre se instaló en los
cerros de Vigirima amenazando bajar al valle. Ribas
se presentó en Guacara obedeciendo al llamado de Bolívar, con 500 soldados
de infantería, muchos de ellos estudiantes y 200 jinetes al mando del
excéntrico Coto Paúl; reunido al Libertador, a la gente de DElhuyar
y a las tropas de Gogorza y Villapol, sumarían 2.000 infantes y 300 caballos.
El 23 DElhuyar empieza el combate sobre la izquierda mientras Ribas
ataca el centro; la pelea se generaliza pero sin resultados efectivos.
Salomón no se mueve de su posición. Al siguiente día los patriotas emprenden
una serie de reconocimientos por el fuego, que se convierten en fuego
de línea infructuoso y que el Libertador hace cesar. El
25 a los doce del día se reanuda el combate. DElhuyar consigue forzar
la izquierda realista, mientras que Ribas y Bolívar atacaron el centro.
En la tarde habían desalojado a Salomón quien se retiró hacia Puerto Cabello.
Las tropas colecticias del Caracas, compuestas por estudiantes, agricultores,
gentes de toda condición, animadas por el heroísmo de Ribas, quien en
persona, con gravísimos riesgos para su vida los guió al combate, suben
los riscos, soportan el fuego y llegan a las posiciones de Salomón sobre
quien caen el arma blanca haciéndole huir. Prácticamente
la acción fue dada al comando de Ribas. Este se encargó del Ejército mientras
Bolívar pasaba a Caracas, para inaugurar la Asamblea y tomar medidas políticas
y civiles. Decide Ribas estrechar el sitio de Puerto Cabello y el ocho
de enero de 1814 pudo apoderarse de algunas obras exteriores. Puente de
Afuera y las baterías de San Luis y el Trincharen. Sin
más recursos, Ribas vuelve a Caracas de donde él sale con 800 hombres
a disputar los Valles de Aragua al tirano Boves. Caracas amenazada desde
el Tuy por Rosete y desde La Victoria por Boves, quedó al mando de Arismendi
quien con drásticas medidas trató de limitar los efectos del avance realista. Ribas
llegó el 10 de febrero de 1814 a La Victoria, espantando a los guerrilleros
realistas que la ocupaban. De inmediato procedió a fortificarse sumariamente.
La población en su mayoría, temerosa de las crueldades de Boves y de la
inminente lucha, había abandonado sus casas y marchado hacia Caracas.
El 12, a las siete de la mañana se presentaron las tropas realistas y
a las ocho se generalizó el combate. Las
tropas patriotas compuestas por seminaristas, voluntarios y todos los
soldados que pudo sacar de La Guaira y Caracas, no pasaban de 1.500 hombres.
Al comenzar los fuegos, Ribas recorrió la línea de defensa y las arengó:
"No podemos optar entre vencer o morir, es necesario vencer" Morales
ejercía el comando realista por estar Boves herido; tenía unos 4.000 hombres,
de ellos sólo 1.800 eran fusileros. El resto de lanceros. Su artillería,
cuatro piezas. Si
algún Jefe ha estado a la altura de su misión, ninguno como Ribas en La
Victoria; sobreponiéndose a todos los peligros, oponiéndose con el fuego
o el arma blanca a los ataques enemigos, atacándolo a su vez, sin reposo
ni cuartel, inutilizó la superioridad numérica enemiga con un sabio uso
de la defensiva. En
la tarde, a las cuatro y media, una polvareda por el camino de San Mateo
y la vacilación del enemigo, le anunciaron el arribo de refuerzos. Dispuso
Ribas una salida al mando de Mariano Montilla para ayudar a la entrada
del destacamento auxiliar. Los gritos de "Campo Elías! Campo Elías!"
en las filas españolas identificaron al Comandante de las tropas auxiliares
y esparcieron en aquéllas, desasosiego, transformando por el choque en
temor. A las cinco y media de la tarde, los realistas levantaron el cerco
y en desorden se retiraron no sin abandonar algunas tropas cercadas por
los independientes en las calles adyacentes a la plaza. Ribas ordenó a
Montilla y a Campo Elías persiguieran a los desmoralizados realistas. El
13 de febrero algunas tropas de Boves y de Morales amenazaron un retorno,
pero fueron batidas en Pantanero por el incomparable Campo Elías. Bolívar
ascendió a Ribas al Generalato en Jefe y al hijo a Capitán (13-2-1814)
En su proclama le tituló "Vencedor de los tiranos en La Victoria". La
Municipalidad de Caracas le acuerda una estatua, Ribas contesta: "La
sangre de los caraqueños derramada en La Victoria y la protección visible
de María Santísima de la Concepción fueron los que salvaron la Patria
en aquel memorable día
" "Los mármoles y bronces no pueden
jamás satisfacer el alma de un republicano". Ribas
había cumplido con honor, y de aquel tremendo combate que contribuyó poderosamente
a levantar el espíritu de las tropas patriotas en vísperas de entendérselas
con el grueso del ejército de Boves en San Mateo, pasó a otros: a defender
su ciudad natal de la invasión de Rosete. Con
unos 2.000 hombres había penetrado por los Valles del Tuy aquel Jefe español,
uno de los más miserables y feroces, el once de febrero de 1814 hizo una
degollina en Ocumare del Tuy, no perdonó sexo ni edad, profanó el templo,
en el cual se había refugiado parte de la inerme población, masacrada
en presencia de altares y santos. Rosete
prosiguió su marcha con unos mil hombres y sin ánimos para atacar Caracas,
quedose en Charallave. Ribas dejó en La Victoria una pequeña guarnición
y luego de enviar auxilios a Bolívar, marchó a Caracas para seguir sobre
Rosete; llevaba unos 700 hombres. El
20 de febrero de 1814, a mediodía, destruyó en Potrerito una avanzada
enemiga. A las dos de la tarde, con el grueso de sus tropas atacó las
burdas fortificaciones de Rosete, fijándolo por el frente, mientras hacía
pasar a través de unos camalotales, una columna, para atacarlo sobre la
espalda. Una hora después, los realistas se derrotaron, dispersándose,
luego de sufrir grandes bajas. Desgraciadamente
ni la situación ni sus fuerzas permitieron a Ribas una persecución exhaustiva.
Boves decidió que Rosete insistiese sobre Caracas y al efecto le proporcionó
nuevas tropas; sumadas a los efectivos escapados el 20 de febrero, constituyeron
una fuerza de 3.000 hombres. Con ellos, de nuevo volvió Rosete. La situación
de los patriotas era gravísima, sucedíanse los combates de San Mateo y
creían los caraqueños que el Libertador no podría desprenderse de ningún
cuerpo para socorrerlos. Ribas estaba enfermo de cuidado. Casi no habían
tropas veteranas. Ante el peligro, se reunieron voluntarios y los efectivos
disponibles, en todo unos 800 hombres con los cuales marchó Arismendi.
Este cometió el error de atacar a Rosete en Ocumare sin explorar previamente
los accesos; en los cacaotales Rosete había emboscado numerosa gente,
la cual tomó de sorpresa a los patriotas y los destruyó. Escapó Arismendi
con unos 200 hombres. La
derrota sumió a Caracas en el más grande terror. Pero Bolívar quien había
sabido de Rosete, el 10 de marzo envió en socorro a Mariano Montilla con
400 hombres; estas tropas entraron a Caracas el 12, donde Ribas asumió
la Jefatura y reuniendo los restos de la fuerza de Arismendi y voluntarios,
pudo salir, llevado en una especie de litera, con unos mil hombres. (17
de marzo de 1814). El
20 de marzo estaba frente a Rosete quien se había dispuesto en el pueblo
de Ocumare, privándose de la buena utilización de sus jinetes y de poder
actuar en fuerza. Había dispuesto otra vez partidas en los cacaotales.
Ribas las hizo batir por Leandro Palacios, quien siguió sobre la izquierda
de Rosete. En tanto, el Comandante Gogorza atacó la derecha. Ribas, en
persona, llevó el ataque sobre el centro y en dos horas de pelea lo rompió
e incendió las casas ocupadas por el enemigo. La
caballería realista fue interceptada al iniciar una carga por los jinetes.
A poco lo españoles comenzaron a huir, declarándose luego en total derrota.
Ribas los persiguió hasta Cúcuta, de donde regreso a Caracas a la cual
entró en triunfo. Mariano Montilla y Leandro Palacios continuaron la persecución. Serían
éstos abnegados Oficiales quienes encontraron a la División de Bermúdez,
ocupada en destruir el resto de Rosete. Con ello se juntarían los esfuerzos
de Oriente y Occidente. La
derrota de La Puerta significó la caída de la República en manos de Boves,
el 15 de junio de 1814. El
25 de junio de 1814, Ribas destruye en Las Cocuizas una avanzada realista
y detiene su marcha de reconocimiento, permanece a la expectativa y regresa
a Caracas de orden de Bolívar. El
6 de julio, Bolívar y Ribas derrotan en Antímano a una columna realista.
En la noche en una Junta de Guerra, sus amigos querían hacerlo nombrar
Jefe Supremo
Moción que fue descartada y Bolívar de nuevo recibió
el encargo de "salvar la Patria". Decídese
la emigración y más de 20.000 personas marcharon a Oriente en la esperanza
de salvarse de Boves -7 de julio de 1814-. Ribas parece haberse opuesto
al abandono de la capital y dicen que gritó a Bolívar: "Simón, Simón,
deja reparar los males que has hecho!". Derrotados
los patriotas en Aragua de Barcelona, pierden la cohesión, la disciplina
y hasta el principio del objetivo. !Cada uno o quiere mandar o ver por
su vida!. En
Cumaná, Mariño convocó a reunión y se dispuso a partir por Güiria; las
tropas que quedaban, al mando de Ribas salieron para Cariaco. Mariño había
perdido el primer puesto de Oriente. ¡Y a Bolívar lo suplantaba su fogoso
tío!. De
nuevo repitieron (ahora aumentado por la reunión realista) el error de
lanzarse al combate sin unidad de mando, sin unidad de criterio, con una
oficialidad desorientada por aquel continuo discutir y disminuidos en
número. El
5 de diciembre de 1814 se dio la batalla de Urica. Boves se ordenó en
tres gruesas columnas y al llegar los patriotas avanzó sobre ellos; Bermúdez
lo combate obligándolo a volver a su línea. A favor de este movimiento
los patriotas se abrieron y marcharon sobre los españoles, quienes les
hicieron un violento "fuego de cañón y fusilería". Ribas continuó
su avance; a menos de un tiro de fusil ordenó fuego y lanzó sobre la derecha
de Boves tres escuadrones escogidos y bien ejercitados, eran éstos los
"Rompelíneas"; conducidos por Zaraza, Monagas y Barreto, cargaron
con tal denuedo que rompieron y dispersaron a los realistas. Boves al
ver el éxito de la carga patriota cargó a su vez con el centro; recibió
un lanzazo y a poco murió. Pero su carga y el ataque de su ala izquierda
rompieron el centro patriota y los envolvieron por la derecha. La infantería
patriota pereció en el campo de batalla. La
caballería huyó después de haber peleado flojamente. La derrota de Urica
significa el fin de la resistencia organizada en tierra firme; la República
seguirá viva gracias al empeño de Páez, Cedeño, Zaraza y otros, que continuaron
el combate en las más duras condiciones. Bermúdez y Ribas escaparon. Morales
se hizo reconocer como Jefe de los realistas y marchó sobre Maturín donde
el 10 de diciembre en la noche y el 11 en la mañana Ribas y Bermúdez le
hicieron una resistencia tanto más heroica cuanto sólo tenían unos 450
hombres. Derrotados, huyeron. Ribas fue capturado por los realistas en
compañía de un sobrino y de un criado. Los había delatado un esclavo de
nombre Concepción González. El Justicia Mayor de Tucupido ordenó su muerte
el 31 de Enero de 1815, dentro de grandes vejaciones. La cabeza frita
en aceite fue enviada a Caracas, donde cubierta con el gorro frigio que
solía usar Ribas, la colocaron en la Puerta de Caracas dentro de una jaula
en el camino de la Guaira. Dícese
que Concepción González sobrevivió, huido en los montes, hasta comienzos
de la Guerra Federal, cuando una guerrilla lo tropezó. El Jefe al reconocerlo
dijo: ¡"ah caráa
Concepción
vamos a arreglar el asunto
del General Ribas
! Y lo hizo ahorcar. Ribas
es Jefe, de aquellos muy escasos, capaces de infundir terror al enemigo,
alientos a la población civil y de hacer que los soldados le crean. Con
ello obtenía resultados donde otro hubiese perecido. Sus combates son
acciones de pequeños efectivos y hoy es difícil juzgar sobre las maniobras
efectuadas; pero en Urica, dispone una masa de caballería bien disciplinada
y combativa y con ello hace romper la línea de Boves. Pero,
se ha lanzado a la batalla sin meditar que sus Jefes y soldados no son
los caraqueños o aquellos héroes de la Campaña Admirable. No ha tenido
tiempo de consolidar su autoridad, discutida, criticada, para algunos
de los más importantes habida en forma de traición. Además, no conoce
bien las aspiraciones de los Jefes y soldados orientales para quienes
él es un Jefe de Occidente. Va pues a la batalla, sin cohesión y por ello
se pierde. La
falta más grave es la de no haber sacrificado sus personales puntos de
vista al objetivo: derrota del enemigo. Verdad es que Bermúdez era uno
de los hombres más difíciles de su tiempo; Ribas no tuvo de los grandes
jefes el poder de atraerlo, de persuasión, porque es posible que él, en
esas circunstancias no hubiere bien definido su tarea. La
cualidad esencial de Ribas es su valentía, ésta le ayudaba en las decisiones
arduas, pero no embotaba su razonamiento. Más desgraciadamente, ella le
impulsaba a encontrar defectuosos los procedimientos ajenos y todo fracaso
(¿y los suyos?) ajeno, parecíale criminal. Enamorado de la Patria llegó
al extremo de quererla para él solo. Desconoce a Bolívar. Cree necesario
probar otra fortuna, cuando ésta era únicamente cuestión de unidad. Al
hacerlo y precisamente cuando las derrotas y las fatigas de la emigración
habían hecho surgir odios, desgano y temores, se hace responsable de la
pérdida de un Ejército que hubiese podido mantener a Venezuela viva en
el Oriente. También, es cierto, paga su error con la vida. Una vida todavía
prometedora, más, al morir, cumple la promesa hecha al Cabildo caraqueño. Para el Jefe y para el soldado será ejemplo de coraje y capacidad de sacrificio; y para todos los venezolanos, ejemplo del más puro republicanismo. |