Don Fermín Toro
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Nació
en el Valle caraqueño, probablemente el 23 de septiembre de
1807. La fecha exacta no ha sido posible fijarla. Su verdadero maestro
es el padre Benigno Chacin, párroco de El Valle, a partir de
1814. además de enseñarle música y adiestrarlo
en el violín, contribuye también a formarle una definitiva
personalidad. La sólida
cultura que adquiere se la da él mismo. La guerra de la Independencia,
en medio de lo cual vivió su infancia y juventud, no le permitió
acudir a centros de estudios. Además, el padre Chacín
ya no estaba a su lado porque la familia Toro se radicó en
Caracas en 1817. Sin embargo se empeña en leer a los escritores
clásicos y a estudiar filosofía e idiomas, es decir,
a darse una formación humanística. Toro viajó
a Margarita con un cargo del Ministro de Hacienda y en 1831 fue electo
por esa provincia Diputado al Congreso Constituyente. En dicho Congreso
se consagró como orador y como patriota de acendrado fervor
bolivariano, en momentos en que el nombre de Bolívar se pretendía
echar al olvido. En 1839 viaja
a Londres como Secretario de la Legación a cargo de Alejo Fortique.
Su estancia en esta ciudad inglesa la aprovecha para cimentar más
su cultura. Aquí estudia con más método y vive
muchas experiencias que anotará en su haber. Luego completa
una visión por otros países de Europa y a poco de regresar
de Venezuela en 1842, el Gobierno Nacional le encarga escribir una
descripción de las honras públicas decretadas como motivo
del trasladado de los restos del Libertador a Caracas. Una de las
piezas que demuestran la integridad y los vastos conocimientos de
Fermín Toro, es su "Reflexiones sobre la Ley del 10 de
abril de 1834", Ley que él mismo firmó como Presidente
de la Cámara de Diputados y en la que se decretaba la libertad
de contratos en el comercio, con el interés que quisiese el
contratante. En esta pieza, Toro se revela como un liberal en materia
de economía. Asienta que "en vano se pretende tras del
velo de la libertad, ocultar una inmoralidad de un contrato usuario,
o de una maniobra con los capitales que perturben repentinamente la
circulación". En otro párrafo dice: "la libertad
no es el fin de la sociedad y que como medio o facultad debe estar
subordinada a la igualdad necesaria que es el objeto principal de
la asociación; la libertad que se ejerce por algunos con daño
de los otros, es tiranía, es iniquidad, porque rompe la armonía
y viola la igualdad". Arturo Uslar
Pietri, citado por J.A. de Armas Chitty (Fermín Toro y su época),
dice con respeto a esta Reflexiones de Toro: "Aquel sermón
es el vivo retrato del estado social del país en su época.
No hubo por entonces en Hispanoamérica análisis más
penetrante y más exacto de la vida social y económica". En 1844 actúa
Fermín Toro como Ministro Plenipotenciario en Bogotá,
para tratar el asunto de límites con Colombia; por razones
diversas, ajenas al mismo Toro, fracasa su gestión, aunque
es digna de estudiarse toda su doctrina al respeto. Donde sí
tuvo éxito fue en Madrid, al canjear satisfactoriamente las
ratificaciones del tratado de reconocimiento de la independencia de
Venezuela en 1846. Fermín
Toro está en el congreso, como representante por Caracas, cuando
el doloroso atentado del 24 de enero de 1848. El Presidente Monagas,
que decía que la Constitución sirve para todo, ordena
a los diputados y senadores que vuelvan al Congreso. Al hacerle saber
esta orden a Toro, contesta: "Decidle al General Monagas que
mi cadáver lo llevarán pero que Fermín Toro no
se prostituye". Desde entonces no aparece más en la escena
pública, hasta 1858 en que triunfa la revolución de
Julián Castro contra Monagas, y Fermín Toro es nombrado
Ministro de Hacienda, y más adelante Ministro de Relaciones
Exteriores, justamente cuando se discutía el enojoso problema
del Protocolo firmado por Urrutia, por el que paso Venezuela se vio
en situación crítica con gobiernos extranjeros. El 5 de julio
de 1858 se reúne en Valencia la convención Nacional
y Toro es electo Presidente de la misma. Allí con el juego
de su oratoria, deslumbra a los asambleístas; les habla con
valor en defensa del protocolo y ante un auditorio contrario a Monagas,
se atreve pedir perdón para el caudillo oriental. Finalizada
la convención, y ante la presión de los federales y
un oscuro arreglo entre Julián Castro y Falcón, Toro
decide escapar a Curazao. En 1860 está Fermín Toro nuevamente en Madrid en representación diplomática para arreglar como electo arregla exitosamente, el problema suscitado con España por la participación de algunos canarios en la Guerra Federal. Agravado de pronto por un mal incurable, el destacado tribuno muere en Caracas en 1865. |