MARIO BRICEÑO IRAGORRY
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Mario
Briceño Iragorry uno de los más importantes de los ensayistas venezolanos
nació en la ciudad de Trujillo el 15 de septiembre de 1897. Su
infancia y juventud transcurrieron en tierras andinas, especialmente en
las ciudades de Trujillo y Mérida. A
los 12 años quedó huérfano de padre y según su propio testimonio ya para
entonces sentía "Bullir en mi mente votación para las letras".
Desde joven inició su formación cultural leyendo obras "con profundo
desorden". Víctor Hugo, Shopenhauer, Voltaire, Diderot, Queiroz y
Vargas Vila fueron los primeros autores que pasaron ante sus ojos. Fue
profundamente estimulado por las ideas de Federico Nietzche las cuales
divulgó entre los compañeros de su ciudad nativa. A
los 21 años se residencia en la ciudad de Mérida "que le era más
propicia para sus inquietudes intelectuales". Comenzó a estudiar
Derecho junto con su entrañable amigo Mariano Picón Salas. Obtuvo el título
de Abogado en 1920, pero ejerció poco la profesión. En la UCV obtuvo el
doctorado en Ciencias Políticas (1925). En realidad los aspectos donde
más va a destacar van a ser como profesor, periodista, historiador, diplomático
y sociólogo. Entre
sus numerosas obras destacan: Alegría de la tierra, casa León
y su tiempo, El caballo de Ledezma, El Regente Heredia o la
piedad heroica, Introducción y defensa a nuestra Historia, Mi infancia
y mi Pueblo, Patria Arriba, Tapices de Historia Patria, Lecturas
Venezolanas etc. Literariamente
a Mario Briceño Iragorry hay que ubicarlo dentro de la generación postmodernista
de 1920. Siendo
muy joven, cuando estudiaba en la Universidad de Mérida, comenzó a publicar
sus primeros ensayos. Su primer libro aparece con el título de "Horas",
en 1921. Luego publica "Ventanas en la Noche" (1925) y "Lecturas
Venezolanas" (1926). Va
a ser el género del ensayo en donde se va a realizar como escritor. Especialmente
dentro del ensayo histórico va a dar los mejores frutos de su pluma. Con
"Tapices de Historia Patria" (1933) Briceño Iragorry expone
conceptos nuevos y "defiende los valores de la cultura hispánica".
Escribió la auténtica historia de Venezuela, sin las omisiones con las
que solía escribirse hasta su generación. Así pues, restituyó a la historia
de Venezuela los tres siglos coloniales en los que descansan los fundamentos
de la vida venezolana. Se dedicó por entero al estudio metódico de nuestro
pasado y dice "me complace haber ayudado a la formación de nuevos
conceptos para el juicio de la Historia nacional". Tal recuperación
constituye la esencia de su ideario. "Temas
Inconclusos" y "El Caballo de Ledezma" son dos libros que
lo reafirman como uno de los primeros ensayistas de hispanoamérica. A
partir de 1946, según la opinión de los críticos que han estudiado su
obra, comienza la época de la madurez en su producción ensayística. Produce
y publica cuatro de sus obras fundamentales: "Casa León y su Tiempo"
(1946), "El Regente Heredia o la Piedad Heroica" (1947) "Mensaje
sin Destino" (1950), reflexiones que amplió dentro del tono de la
ficción en su libro Los Riberas (1957). El
primero de estos libros fue producto "de una lenta y cuidadosa investigación
en el Archivo General de la Nación". Se trata de la historia del
Marqués de Casa León "maquiavélico personaje que a la sombra de realistas
y patriotas jugó a la doble carta de la simulación y el oportunismo".
Es un libro donde se presenta "el examen de los orígenes económicos
de la oligarquía criolla". El
segundo de los libros mencionados tiende a exaltar la figura del Regente
Heredia gran defensor de "la justicia en tiempos de ignominia".
Es un personaje símbolo. Fue escrito un poco "para pintar las virtudes
contrarias a los vicios del hábil político Casa León". El
Profesor Pastor Cortés en su ensayo "Perfiles de un venezolano ejemplar"
dice en referencia a esta obra que "en el panorama literario anterior
tan solo se asemeja en su preocupación y angustia a "Cosas Sabidas
y Cosas por Saberse" del ilustre Cecilio Acosta". En la obra
se plantea el problema de la quiebra de los valores venezolanos y la necesidad
de reconquistarlos. "Es un alegato a la juventud para que recapacite
y busque nuevos valores". Mario
Briceño Iragorry confiesa que es un hombre idealista cuando dice: "el
mundo de las ideas más que el mundo de los hechos ha sido la temática
preferida de mi labor como escritor.". |