EL ENCUENTRO DE BOLIVAR Y PAEZ
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El encuentro de Bolívar y Páez se produce el 30 de enero de 1818, en el Hato de Cañafistola, cerca de San Juan de Payara. Ambos caudillos se conocían por cartas que se cruzaban con bastante frecuencia, pero no se habían visto personalmente. Ante la necesidad de unificar los ejércitos, Bolívar se trasladó a los Llanos en busca de Páez. Este, ante la imponente presencia del Libertador, juré e hizo jurar a sus oficiales y soldados el reconocimiento a la autoridad de Bolívar, ante el sacerdote patriota Ramón Ignacio Méndez. A partir de este momento Bolívar se va a familiarizar con aquella geografía en que el cielo parece juntarse con el llano; con aquella casta de hombres rudos, hechos al sol, a la lluvia y al sacrificio, esos indómitos llaneros que contribuyeron en alto grado a la independencia de Venezuela y de América. ¿Cómo
vio Páez a Bolívar? El mismo lo dice en su autobiografía: «Hallábase entonces
Bolívar en lo más florido de sus años y en las fuerzas de la escasa robustez
que suele dar la vida ciudadana. Su estatura sin ser procerosa, era no
obstante suficientemente elevada para que no la desdeñase el escultor
que quisiera representar a un héroe; sus dos principales distintivos consistían
en la excesiva movilidad del cuerpo y el brillo de los ojos, que eran
negros, vivos, penetrantes e inquietos, con mirar de águila, circunstancias
que suplían con ventajas lo que a la estatura faltaba para sobresalir
entre sus acompañantes. Tenía el pelo negro y algo crespo, los pies y
las manos tan pequeños como los de una mujer, la voz aguda y penetrante,
la tez, tostada por el sol de los trópicos, conservaba no obstante la
limpidez y lustre que no habían podido arrebatarle los rigores de la intemperie
y los continuos y violentos cambios de latitudes por las cuales había
pasado en sus marchas...» |